La persona oponente, tras hacer una valoración de la vida humana, de la que no es dueña ninguna persona, proyectó sobre una pantalla las horribles imágenes de un aborto real; la feminista mantuvo una indiferencia absoluta a lo proyectado y sus seguidoras en la sala, se retorcían literalmente en las butacas, ocultando su cara y no admitiendo que eso fuera posible en nuestro entorno geográfico.

Pero no es esto solo lo silenciado. Ante un embarazo no deseado, en vez de ayudar a superar los duros interrogantes que le surgen a la mujer, la única salida que se les ofrece es el aborto, sin informarles que es un proceso más peligroso que llevar a término su gestación. Un 64% de las mujeres americanas manifestaron que se habían sentido presionadas por su entorno y un 84% que no habían recibido asesoramiento adecuado.
El paradigma de los silencios de los abortistas es tratar de negar la existencia del llamado Síndrome del Post Aborto (SPA), reconocido por toda la comunidad científica, a pesar de las consecuencias negativas para la mujer; entre otras la aparición de frigidez, esterilidad, ruptura más fácil de pareja, aparición de la violencia doméstica, etc.
Los testimonios de quienes se han sometido a un aborto voluntario afirman que “es la puerta de entrada a un infierno psicológico de angustia, depresión e ideas sucias”. E incluso médicos abortistas, como el argentino conocido tristemente como el Dr. Aborto, reconocen que “para las mujeres, abortar es un peso, un dolor en el alma y no hay mujer que no conviva con su culpa”. Es siempre, en mayor o menor medida, una tragedia para las mujeres que lo sufren.
Para los que quieran profundizar sobre estos temas, les recomiendo una página Web, cuyo título es ya bastante elocuente: www.nomassilencio.com.
Miguel Ángel de la Huerga
Director del COF CÁDIZ
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