jueves, 3 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
ESPIRITUALIDAD CONYUGAL
I
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mporta mucho no equivocar el
concepto y la vivencia de la espiritualidad, porque con ello equivocamos
nuestra concepción cristiana de la vida. La espiritualidad no afecta a una
esfera reducida de nuestra existencia, sino que constituye su sentido más profundo
y decisivo.
Toda espiritualidad cristiana se realiza en el seguimiento
de Jesucristo. Su persona, su vida, su mensaje, las Bienaventuranzas del Reino,
configuran toda espiritualidad.
El seguimiento e imitación de Cristo se expresa de forma
original en la vida matrimonial. El matrimonio determina una manera peculiar de
existencia y experiencia cristiana y por ello de espiritualidad.
La
espiritualidad matrimonial podría definirse como el camino por el que el hombre
y la mujer unidos en matrimonio-sacramento, crecen juntos en la fe, en la
esperanza y en la caridad y testimonian a los otros, a los hijos y al mundo, el
amor de Cristo que salva.
(Diccionario de espiritualidad, pag. 543).
La característica más específica de la espiritualidad
conyugal es esta: Es una espiritualidad en pareja. Por ello el itinerario
espiritual deberá ser realizado en pareja; el amor de Cristo a su Iglesia
deberá estar significado y vivido en la experiencia conyugal, en la unidad de
la pareja, en la donación mutua, en el amor definitivo e indisoluble y fecundo,
en la fidelidad permanente y creciente.
Los dos juntos son llamados a testimoniar el amor, la
unidad, la fidelidad mutua y a construir con su testimonio de vida, sus obras y
palabras, la unidad y el amor entre los hombres. La espiritualidad en pareja, no
obstante, no anula ni oscurece la experiencia personal de la fe. Compartir la
vida, compartir la experiencia de Dios, no exige estar siempre juntos en el
trabajo, en las prácticas religiosas, …Siempre, no obstante, será deseable realizar
juntos aquello que sea posible y conduzca tanto a un mayor bien de la pareja,
como a un mejor testimonio de unidad matrimonial, y siempre habrá que casarlo todo.
Los casados viven en
el mundo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del
mundo y en las condiciones ordinarias de su vida familiar y social con las que
su existencia está entretejida. Allí están llamados por Dios para qué,
desempeñando su propia profesión, guiados por el espíritu evangélico
contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro.
Nadie se casa para separarse del mundo, sino para vivirlo y
enriquecerlo. El mundo es lugar teológico ordinario para los casados. De la
misma manera la valoración del cuerpo y la sexualidad en toda su plenitud
forman parte de esta misma espiritualidad. La paternidad y la maternidad
introducen unas condiciones y un estilo de vida en Cristo, que enriquecen y
determinan la espiritualidad familiar del matrimonio.
El matrimonio debe ser lugar de experiencia de Dios, que es
familia; de comunión de vida y bienes; del compartir; del amor hecho vida
compartida. Y desde el matrimonio así vivido surgirá una nueva energía transformadora
creando un mundo más fraternal y comunitario.
(De la ponencia: Espiritualidad conyugal, P. Ignacio Egurza, 24/06/1989)
(De la ponencia: Espiritualidad conyugal, P. Ignacio Egurza, 24/06/1989)
martes, 1 de mayo de 2012
IGNACIO EGURZA EL BUSTO
Ignacio Egurza nació en
Mendigorría (Navarra) el 17 de Diciembre de 1928. A los once meses de edad pasó a vivir en Grocin, localidad en la que crecería. Tuvo siete hermanos: Jesús, Ángel, Emilia, María Victoria, Juan Cruz, Celestino y José Javier. Él era el primogénito. Ingresó en el
Seminario de Pamplona y fue ordenado Sacerdote el 22 de Julio de
1951. Trabaja como coadjutor
y párroco en la Diócesis de Pamplona en Villafranca, El Valle de Urraúl
Alto, Ayechu, Elcoaz y Abáigar.
En 1959 pide trasladarse a la Diócesis de Cádiz y Ceuta y es nombrado capellán en el Poblado de Sancti Petri (Chiclana).
En 1959 pide trasladarse a la Diócesis de Cádiz y Ceuta y es nombrado capellán en el Poblado de Sancti Petri (Chiclana).
En la Diócesis gaditana ocupa los cargos de:
·
Consiliario de Acción Católica
·
Director de Cursillos de Cristiandad
·
Delegado Episcopal de Apostolado Seglar
·
Director y fundador de la Escuela de Teología
Se licencia en teología en Vitoria en 1974. Este mismo año es nombrado Vicario General
de la Diócesis por el Obispo Antonio Dorado Soto. Fue Consiliario Diocesano (y
posteriormente Nacional) del Movimiento Familiar Cristiano.
También ejerció como Responsable del Diaconado Permanente, Capellán de las Religiosas de María Inmaculada y Promotor-animador del Plan de Renovación Diocesano.
También ejerció como Responsable del Diaconado Permanente, Capellán de las Religiosas de María Inmaculada y Promotor-animador del Plan de Renovación Diocesano.

Su espíritu de servicio, disponibilidad, entrega y amor le hicieron acreedor de cientos de amigos. Era un hombre de Dios para los hombres. La sencillez de sus homilias y enseñanzas, claras, próximas y vividas era el fruto de una preparación profunda, minuciosa y muy elaborada. Ignacio irradiaba sencillez y paz pero al mismo tiemppo sabiduría y testimonio.
Falleció en Cádiz el 17 de Mayo de 1992 a los 63 años de edad, a consecuencia de un infarto de miocardio. Al funeral en la Catedral de Cádiz asistieron 148 sacerdotes diocesanos y las primeras autoridades civiles y militares (D. Carlos Díaz como Alcalde). El Pendón de Cádiz ondeó a media asta en el Ayuntamiento.
Su cuerpo fue trasladado a Grocin (Navarra), donde residía su madre y familia, para ser enterrado en el cementerio de la localidad. Fue acompañado desde Cádiz por el Obispo Antonio Dorado y un nutrido grupo de gaditanos. La explanada del templo de Grocín fue habilitada por sus 50 vecinos para celebrar la misa de corpore insepulto. La reducida Iglesia sirvió en esta ocasión como sacristía a los 150 sacerdotes que concelebraron la Eucaristia con los obispos de Cádiz y Pamplona. Tras el funeral se procedió al entierro en el pequeño cementerio de Grocin. La humilde tunba, sin mármoles ni losas, quedó cubierta de flores
(Datos facilitados por
Maximiliano de la Vega y Pruden Alonso)
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